Para Mahmud Abbas, y para el radicalismo
islámico, mentir es norma. La última y más sonada de las mentiras del
Presidente Palestino es reciente, cuando obvió, intencionadamente, que un joven
palestino de 13 años llamado Ahmed Manasra acuchilló a otro israelí de la misma
edad, israelí que ahora está luchando por su vida en un hospital. Lo que no
dudó en inventar, fue que Ahmed Manasra había sido “ejecutado a sangre fría”
utilizando, para “demostrarlo”, fotos tomadas por aficionados cuando,
paralelamente, se veía claramente en videos a Manasra corriendo detrás de
judíos para asesinarlos en el barrio de Pizgat Zeev.
El primer ministro, Binyamín Netanyahu, se
apresuró a citar una conferencia de prensa internacional, para denunciar que:
“Abbas sigue mintiendo y la única manera de derrotar sus mentiras es diciendo
la verdad”, expresó Netanyahu. Mientras tanto, en las redes sociales veíamos al
“supuesto muerto” palestino comiendo, con vendas en la cabeza, y siendo tratado
en un hospital israelí. El consejero de comunicación y ex portavoz del Tzahal,
Abi Bnaiahu, explicaba en Canal 2, que las imágenes habían sido tomadas por
presión de la oficina del Primer Ministro a pesar de la activa oposición de las
autoridades del hospital israelí Hadassa EinKerem. Manasra fue atropellado por
un automóvil cuando huía, tras haber acuchillado, y está siendo atendido en
Jerusalén.
A lo largo de las últimas semanas fue Abbas
quien incitó a la violencia mintiendo y asegurando que los judíos pretendían
hacerse con la mezquita de Al-Aqsa o que querían modificar el status quo en el
Monte del Templo. El clímax de su patología fue el discurso, repleto de
mentiras e injurias, que ofreció frente a la Asamblea General de la ONU.
No es algo nuevo. Para finales de la década
pasada la Autoridad Palestina sostuvo, en un informe de cinco páginas, que el
Muro de los Lamentos no tiene significado alguno para el pueblo judío, dado
que: “los judíos no veneraron el Muro de los Lamentos en ningún momento previo
a la Declaración Balfour de 1917″. Por lo tanto, afirmaban, “no existe ninguna
santidad del Muro de los Lamentos en el judaísmo” y de hecho, “el lugar es un
santuario musulmán”.
¿Es algo nuevo esa costumbre de mentir en
Mahmud Abbas? No, Abbas es Doctor (por la Universidad de Moscú) en Mentiras. En
1982 su tesis doctoral fue “La conexión secreta entre los nazis y los líderes
del movimiento sionista”. En su libro “El otro lado: la relación secreta entre
el nazismo y el sionismo” (1983) basado en la tesis, Abbas negó que seis
millones de judíos murieron en el Holocausto; diciendo que era un “mito” y una
“fantástica mentira”. A lo sumo, escribió, 890.000 judíos fueron asesinados por
los alemanes. Abbas afirmó que el número de muertes se ha exagerado con fines
políticos.
Lo que Occidente no termina de digerir es que
la conducta de Mahmud Abbas no es propia y única de su persona. Abbas se
apresuró a ordenar que los medios de comunicación palestinos no citasen “lo que
decían los israelíes” para que no fuese tan evidente su mitomanía.
La conducta de Abbas está muy arraigada en la
conducta árabe-islámica y, aunque Abbas no sea considerado un activista del
radicalismo islámico, también es una falacia que fundamentos islamistas no sea
usados, cotidianamente, en sus discursos y posturas.
En el Islam tradicional, el único principio
supremo moral es: “si es bueno para el Islam, entonces es correcto”. La mentira
en si está mal, excepto cuando está bien. Mahoma no tenía pelos en la lengua
cuando se refería a la necesidad de decir la verdad: “Es una obligación para
vosotros el decir la verdad, dado que la verdad conduce a la virtud y la virtud
lleva al Paraíso, y el hombre que sigue diciendo la verdad y que siempre
procura decir la verdad es considerado, tarde o temprano, como sincero para con
Allah. Evitad decir una mentira, porque mentir conduce a la obscenidad, y la
obscenidad lleva al Infierno, y la persona que sigue diciendo mentiras e
insiste en mentir queda registrada como traidor a Allah” (Hádice de
Sahib Muslim, libro 32, nº 6.309). Sin embargo, al igual que muchos otros
principios islámicos, se trata en gran parte de una cuestión entre creyentes
musulmanes.
Cuando se refiere a los no creyentes,
especialmente a quienes están en guerra contra los musulmanes, Mahoma ha
enunciado claramente un principio muy diferente: “La guerra es el engaño”.
Específicamente, ha dicho que en la batalla está permitido mentir (Hádice de
Al-Bujari, vol.4, libro 56, nº 3.030; Muslim, vol. 4, libro 32, nº 6.3030). Las
doctrinas del engaño religioso se identifican con mayor frecuencia con el islam
chiita pero, como Abbas o entre el Hamás, también pueden encontrarse en las más
fiables tradiciones sunitas.
Entre radicales, todo lo que hizo Mahoma en vida
es perfecto y por lo tanto imitable. El propio Mahoma mintió varias veces, una
de ellas cuando pidió que alguien matase a su enemigo Abnul Ashraf. Un seguidor
de Mahoma, Muhamad Iben Maslama se ofreció para asesinarle pero explicó que para
hacerlo debería mentirle y llevarlo a un lugar engañado. ¿Qué le respondió el
profeta del Islam? Simple… ¡Hazlo!
En el presente, radicales islámicos de la
Franja de Gaza, personificados en el Hamás, no ha dudado en engañar a los
infieles, especialmente si estos son ciertos (tontos) útiles periodistas
occidentales, al asegurar que la inmensa mayoría de los muertos en la guerra
Margen Protector (2014) habían sido civiles, la mayoría mujeres, ancianos y
niños. Mentir está permitido, en medio de una guerra especialmente, más que
nunca cuando se trata de mentiras frente a no musulmanes… ¡Y por supuesto
cuando esos mismos periodistas occidentales no cuestionarán nada y no se
dignarán a salir de su hotel en las costas de Gaza para comprobar si el
Ministerio de Salud del Hamás en Gaza está falseando la verdad!
Entre radicales, y también entre menos
radicales, nos encontramos con la Taaqyya (entre los chiitas) y el Mudarat
(sunitas) que, en principio, es el engaño para difundir el Islam. Otra versión
es el Kitman que es engañar por omisión. La Tawriya es el (extremadamente) muy
desarrollado arte de “engañar por ambigüedad” y la Muruna que es la suspensión
temporal del cumplimiento de la Shaarya para aparentar ser “moderados”. Para
estas personas, es totalmente lógico y aceptado emitir comunicados moderados y
conciliadores en inglés y, paralelamente, transmitir predicas violentas e
incitadoras para los creyentes en árabe. Basta observar Al-Jazzira en inglés y
en árabe para comprender esto. En inglés, parece la cadena de información de la
Madre Teresa de Calcuta. En árabe, destaca y sobresale Yussuf Al-Qardawi, el
gran Imán de todo terrorista suicida.
¿Se puede llegar a un acuerdo pacífico con
Mahmud Abbas? Esperemos que así sea. Quizás no en un periodo cercano. Estoy
entre los que creen que un acuerdo se alcanzará, tarde o temprano, con los
palestinos. El punto de partida para un acuerdo con el actual Presidente de la
Autoridad Palestina es la “desconfianza”. Israel debe tomar las mayores medidas
posibles para asegurarse que Abbas no engañará a Israel, especialmente cuando
para él… Mentir es norma.
¿Por qué miente Mahmud Abbas? Simplemente porque mentir es la norma
20/Oct/2015
PorIsrael, Por Gabriel Ben-Tasgal